Una cosa está clara en cuanto a los Premios de la Academia de Hollywood se refiere: no le importan a casi nadie. O eso parecen reflejar los decrecientes datos de audiencia que han ido cosechando estos últimos años. Por lo que en este artículo no he venido a hablar de los ganadores o perdedores. He venido a explicar (o algo así) el motivo de la decadencia de estos premios.

La audiencia de estos premios lleva unos años en constante caída libre. Sin ir más lejos, la audiencia de los Oscar 2020 reunió frente a la televisión a 23,64 millones de espectadores, cifra que de por sí ya era baja con respecto a años anteriores. Pues bien, la gala del pasado 25 de abril solo reunió a 9,85 millones de telespectadores. Esto supone un tremendo desplome del 58,4%. La gala menos vista de la historia. Por otro lado, el rango de edad entre los adultos de 18 a 49 años obtuvo un rating (índice de audiencia) del 1,9%, muy por debajo también del pasado año. 

Este año la entrega de premios pasó de celebrarse como todos los años en el Dolby Theatre (anteriormente conocido como Kodak Theatre), a celebrarse en la Union Station de los Ángeles. El lugar es lo de menos, lo importante es la gala que se desarrolle en él. Y hablando de dicha ceremonia, no se le puede negar una cosa: ha conseguido superar en aburrimiento a cualquiera de los años pasados. De hecho, Arnold Schwarzenegger comentaba en una reciente entrevista con Jimmy Kimmel: “La razón por la que solo vi un tercio fue porque era tan aburrida…Básicamente lo apagué”. Y si el propio Terminator lo dice…

En cuanto a las ausencias más destacadas, no hubo presentador (cosa que lleva ocurriendo inexplicablemente desde hace 2 años), y también sufrió la inexistencia de números musicales o de los propios vídeos insertos de las películas nominadas. Una cosa es que la maldita pandemia haya irrumpido en nuestras vidas, y otra muy distinta es que parezca que los responsables de la entrega de premios más importante de Hollywood dediquen su tiempo y esfuerzo a hacerse el harakiri. 

Llevamos años reclamando que personas capaces con sentido del espectáculo se coloquen en primera fila para llevar a cabo una gala entretenida, y lo que los telespectadores recibimos año tras año son ceremonias soporíferas, sin ninguna pizca de sal. Y claro, este año ya ha sido la gota que colma el vaso. Hemos pasado de galas presentadas por genios del entretenimiento (como Billy Crystal, Hugh Jackman, Ellen DeGeneres, el controvertido Seth Macfarlane, o el más reciente Jimmy Kimmel) a directamente no tener un maestro de ceremonias. Todo eso sin contar que hubo alguno de esos buenos años en los que ni el propio presentador era capaz de salvar aquellos guiones sosos y políticamente correctos que la Academia exige.

Así que todo esto ha acabado por explotarles en la cara. Ya no hay excusas. El año que viene tienen la difícil papeleta de intentar remontar este partido. Porque para ellos, el mejor premio es la audiencia. Y si no hay audiencia…esa magia del cine que tanto reivindican acabará por desvanecerse.

And the winner is…el hastío.

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Álvaro García
Álvaro García

Graduado en Realización de Proyectos Audiovisuales y en Iluminación y Captación de la Imagen. Ha dirigido diversos proyectos audiovisuales, especialmente Cortometrajes y Videoclips. Director y Escritor. Amante del cine.