William Shakespeare – Soneto CXXXVIII

Cuando mi amor jura que es todo lealtad

la creo, aunque sé que me engaña,

para que pueda pensar que soy un joven indocto

desconocedor de las falsas sutilezas del mundo.

Así, vanamente creyendo que me cree joven,

aunque sabe que mis mejores días han pasado,

simplemente doy crédito a su lengua falaz:

por ambos lados así suprimimos la simple verdad.

Pero ¿por qué no dice ella que es infiel?

¿Y por qué no digo yo que soy viejo?

Ay, el mejor hábito del amor es confiar en las apariencias,

y la edad, en el amor, no ama que le cuenten los años.

Así pues, yo miento con ella, y ella conmigo,

y en nuestras faltas con mentiras nos halagamos.

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