El presidente de la República francesa fue elegido reivindicando la superación de la oposición izquierda/derecha. Enviando con mucho gusto al extranjero la imagen de un político progresista cuya política interior es, ahora, abiertamente de derechas. La polémica que rodea el «islamo-izquierdismo» en las universidades francesas, iniciada por la ministra de Enseñanza Superior, Frédérique Vidal, es un síntoma flagrante de esta derechización declarada del régimen de Macron.

“El islamo-izquierdismo gangrena la sociedad…”

El «islamo-izquierdismo»: este término enciende desde hace unas semanas el entorno académico en Francia. El pasado 14 de febrero, en el plató de CNews , (canal reconocido de ideología de derechas), le preguntaron a la ministra de Enseñanza Superior sobre el artículo del Figaro arremetiendo contra el “islamo-izquierdismo” que “gangrena las universidades”. Fréderique Vidal admitió la existencia del fenómeno: “Pienso que el islamo-izquierdismo gangrena la sociedad en su conjunto y que la universidad no es impermeable pues forma parte de la sociedad”. Vidal anunció que pidió una investigación al respecto al Centro Nacional para la Investigación Científica (CNRS, por sus siglas en francés), “sobre el conjunto de corrientes de investigación sobre estos temas en la universidad de manera que podamos distinguir en los que se refiere a la investigación académica de lo que es, precisamente, militancia y opinión”.

Pero ¿de qué trata el «islamo-izquierdismo»? Es un concepto polémico que no remite a ninguna realidad precisa. Según el filósofo Pierre-Henri Tavaillot, se apoyaba en una conclusión: desaparecido el proletariado, la izquierda revolucionaria habría hecho de los musulmanes los nuevos oprimidos a liberar. El “islamo-izquierdismo” sería como una alianza entre Mao y el ayatolá Jomeini.

La realidad de este fenómeno ha sido rechazada de forma unánime por la comunidad académica. La Conferencia de rectores de universidad, que se mantiene normalmente por encima de la contienda política, hizo un llamamiento para “parar  la confusión y las polémicas estériles” . En un comunicado, la Conferencia considera el “islamo-izquierdismo” como una pseudo-noción, sin ninguna definición científica. En la misma línea se pronuncia el CNRS para el que se trata de un eslogan político que vuelve a poner en entredicho la libertad científica.

A pesar de la viva oposición del mundo académico, la ministra no se excusó de su posicionamiento en la sesión de preguntas al Gobierno ante la Asamblea Nacional. Fréderique Vidal, también sostuvo, en una entrevista de Le Journal du DImanche, su intención de llevar a cabo una investigación sociológica en el seno de las universidades.

Los franceses han tenido ya tiempo de habituarse a la banalización del término. A finales de noviembre, dos diputados del partido Los Republicanos, Damien Abad y Julien Aubert pidieron la apertura de una investigación sobre las “desviaciones ideológicas en el entorno universitario”. Este primero llegó a señalar a los investigadores como  “culpables” del “islamo-izquierdismo”. De esta manera, como muestra en su investigación preliminar, el investigador David Chavalarias, los políticos han contribuido a difundir un concepto cuyo uso se limitaba, hasta hace poco, únicamente a la extrema derecha.

Un síntoma de la derechización de la política francesa

Esta polémica no tiene nada de marginal. Todo lo contrario, ya que participa en la dirección general tomada por la política gubernamental en Francia en los últimos meses. De una forma inmediata, se inscribe dentro del conflicto entre el Gobierno y los investigadores sobre la Ley de Programación Plurianual de la Investigación (LPPR, por sus siglas en francés) que tiene como objetivo aplicar al mundo de la investigación los estándares de tipo económico, en especial la implementación de la interinidad.

Por otro lado, hay que leer el debate sobre el “islamo-izquierdismo” como el efecto de una fijación de la política francesa sobre los temas de seguridad y de identidad.  Fijación intensificada desde octubre de 2020, tras el asesinato de Samuel Paty, profesor de historia y geografía, que mostró a sus alumnos caricaturas de Mahoma durante una clase dedicada a la libertad de expresión.

No obstante, la derechización del discurso político en Francia es anterior a este suceso. En el seno del Gobierno actual, está sostenida principalmente por el ministro del Interior y veterano del partido conservador Los Republicanos, Gérald Darmanin. En el verano de 2020, cuando los medios conservadores cubrieron de forma extensa los actos de agresión y de incivilidad el gobierno se preocupaba ya por “el ensalvajamiento de una parte de la sociedad”. Tras el asesinato de Samuel Paty, Darmanin acusó a ciertos sectores alimenticios de los supermercados (halal, Kosher) de ser en parte responsables del repliegue comunitario: “Eso me ha conmocionado siempre, entrar a un hipermercado y ver que había una sección de tal comida comunitaria y  de otra al  lado (…) Es así, así es como comienza el * comunitarismo” (*entendido como obstáculo a la integración).

¿Cómo explicar esta inflación del discurso de seguridad en plena crisis sanitaria? Parece que está alimentada por el calendario electoral: las elecciones regionales de junio de 2021 y las presidenciales en 2022. Está cada vez más claro que los franceses deberán elegir entre la derecha y la derecha. Los electores de izquierda están exasperados: el tradicional “bloqueo republicano”, que consiste en votar contra el candidato de la Agrupación Nacional en la segunda vuelta de la elección presidencial, parece cada vez más frágil. La repetición del duelo Macron-Le Pen en 2022 parece más probable, pero su resultado es mucho más incierto que en 2017. ¿El “ni derecha, ni izquierda” de Macron se convertiría en la pasarela sobre la presidencia de la extrema derecha?

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<strong>Weronika Adamska</strong>
Weronika Adamska

Abogada y politóloga polaca, interesada en la Teoría del Estado y del Derecho. Actualmente estudia un máster de investigación en la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales de París.