La intensificación de los fenómenos atmosféricos extremos debido al calentamiento global provoca cambios en el nivel de agua del Canal que hace que éste se resienta tanto por exceso, como por falta de agua.

Si hay sequía, malo; pero si el agua llega en tromba el desastre puede ser mayor y tampoco hay capacidad para almacenarla.

En ocasiones, el nivel de agua es tan bajo que los barcos tienen que reducir su carga.

Cada vez que un buque tiene que elevarse los 27 metros de altura entre el nivel del mar y el lago Gatún, por donde navegará tierra adentro hasta avistar el otro océano, se necesitan 108.000 metros cúbicos de agua

Con ellos se llenan las recámaras que van alzando la embarcación como un ascensor líquido. Esa agua no se pierde, de igual modo iría al mar. El problema es que un día no haya la suficiente.

El ordenador de Steve Paton, en las oficinas del centro Smithsonian en Panamá, dibuja unas gráficas preocupantes.

En las últimas dos décadas, se han registrado los tres años consecutivos más secos y ocho de las diez grandes tormentas de las que hay constancia desde 1879, cuando comenzaron las mediciones en esta zona.

En 2010, la altura del agua obligó a abrir compuertas que no se habían abierto nunca y las operaciones tuvieron que parar”, dice Paton. 

“ Es pronto para afirmar algo sobre el Canal,  pero a la pregunta ¿va a faltar agua en el Canal?, delo por hecho”.

Como medida de ahorro de agua, los miles de metros cúbicos de agua que precisa cada esclusaje ahora se reutilizan en una segunda cámara. 

Ese juego cruzado, de un barco que sale y otro que entra con la misma agua, ahorra entre seis y ocho esclusajes, es decir, unos 800.000 metros cúbicos al día. 

Pero esa y otras medidas de ahorro de agua, como suprimir la generación de electricidad o eliminar las ayudas hidráulicas que impulsan a los barcos al dejar atrás la esclusa no alejan del todo el fantasma de los ciclos secos.

 “Vemos otras opciones, como la desalinización de agua del mar, o traerla del río Indio. En 2006, cuando se ampliaron las esclusas, no se hablaba de cambios en el clima como ahora”, reconoce Daniel Muschett, vicepresidente de Agua y Ambiente de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP). 

“Ninguna opción resuelve el problema por sí sola. Hay que estudiar la combinación de varias de ellas”, comenta.

El biólogo ambientalista Isaías Ramos González, de la ONG Centro de Incidencia Ambiental de Panamá (CIAM) añade: “creo que hay otras opciones de ahorro. Para empezar, evitar las fugas de agua urbanas, un 40%, en lugar de decir a la población que usa mucha agua”.

“Lo criticable es que el Gobierno no tiene una política concreta de cambio climático que garantice la estabilidad del sistema a 25 o 50 años y ya estamos viendo las consecuencias sociales. Que el cambio climático nos afecta es como decir que el agua moja”, sostiene.

Esperemos que las soluciones se encaminen más en hacer frente al cambio climático, que en desalinizar el mar o traer agua de otros ríos.

No sirve poner «soluciones parche» que generan otros desequilibrios ambientales iguales o mayores que los problemas ya existentes.

La reversión del calentamiento global implica un cambio de valores en la sociedad y un estilo de vida en el que actuemos con la consciencia de que cada uno de nuestros actos y actividades diarias tienen consecuencias en el medio ambiente.

Reducir, conocer el ciclo de vida de los productos que consumimos y no colaborar de manera pasiva con aquellas industrias contaminantes y el mercado consumista, son algunas buenas prácticas que debemos comenzar a adquirir.

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