La falta de interés del gobierno de Jair Bolsonaro por proteger el medio ambiente está causando estragos en la Amazonia brasileña que no cesa de batir récords de deforestación e incendios.

La Amazonia es aquella inmensa y compleja red natural que incluye el bosque tropical amazónico, los ríos y, en menor medida, otros ecosistemas como los bosques inundables, sabanas, bosques de llanura inundable, praderas, pantanos, bambúes y bosques de palmeras.

Tiene una extensión de 6.7 millones de km2  (dos veces el tamaño de India) y abarca el territorio de ocho países (Brasil, Bolivia, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú, Surinam y Venezuela), y un territorio de ultramar: la Guayana Francesa.

La Amazonia es naturalmente incomparable (WWF):

  • Abarca el bosque tropical más grande del mundo.
  • Es hogar de al menos 1 de cada 10 especies conocidas en la Tierra (el 10% de la biodiversidad conocida).
  • Contiene entre 90 y 140 mil millones de toneladas métricas de carbono.
  • Sus ríos representan entre el 15% y 16% de la descarga fluvial total a los océanos del mundo.
  • El río Amazonas fluye a lo largo de más de 6.600 km, y junto con sus cientos de afluentes, contiene el número más grande de especies de peces de agua dulce del mundo.
  • Además, el río Amazonas es el de mayor caudal en el mundo: su caudal medio es de 225.000 m3/s (metros cúbicos por segundo) de agua.
  • Alrededor de 34 millones de personas viven en ella, incluyendo más de 350 grupos indígenas.
La Amazonia. Foto de dsfdf.nnm.ru
La Amazonia no sólo es importante en el área que abarca, sino que influye en la calidad de vida de TODA la Tierra.

Las inmensas cantidades de CO2 que absorbe, y de agua y energía que intercambia con la atmósfera, juegan un papel fundamental en el control del clima y la circulación de las corrientes, a nivel mundial.

Además, tanto el bosque tropical como los ríos amazónicos, proporcionan un amplio abanico de hábitats para millones de especies necesarias en el planeta, y todas las que quedan por conocer.

Los científicos creen que menos del 1% de las especies de plantas amazónicas han sido estudiadas en detalle para conocer su potencial medicinal y que, desafortunadamente, conforme el bosque tropical amazónico se reduce, también lo hace el uso potencial de plantas y medicinas aún no descubiertas.

La continua deforestación, incendios e intereses privados están acabando con el “pulmón del planeta”.

Deforestación

En los últimos dos años se han deforestado casi 12.000 km2, según datos del Sistema de Detección de Deforestación en tiempo real (Deter-B), del Instituto Nacional de Investigación Espacial (Inpe).

Poniendo un ejemplo comparativo, esta deforestación, ocurrida SÓLO en los dos últimos años, equivale al 24% de la toda la superficie de España

¿Casi un cuarto de toda España deforestada en dos años? Así de horrible es querido lector.

La deforestación en abril de este año aumentó en un 64% en relación con el mismo mes de 2019. 

En lo que va de año, el crecimiento de la deforestación del Amazonas ha sido de un impresionante 51.45%, en comparación con la del 2019.

«Estamos dando marcha atrás hacia los volúmenes de deforestación de principios de siglo, cuando alcanzamos picos históricos de deforestación, totalmente incompatibles con los compromisos de desarrollo sostenible asumidos por Brasil», señala Mariana Napolitano, Gerente de Ciencias de WWF-Brasil. 

Organizaciones civiles han lanzado colectivamente la campaña digital  #MP910Não, contra los «Grandes saldos en la Amazonía» a través de la cual se pueden mandar mensajes a los parlamentarios involucrados para presionar.

El enlace a la campaña es https://www.saldaodaamazonia.org.br/

Y lo peor es que la deforestación no es la única razón de la alarmante merma de la Amazonia.

Incendios

Incendios en Sudamérica 2019. Imagen de la NASA.

En junio, la Amazonia brasileña registró el mayor número de incendios de los últimos 13 años (WWF) con 2.248 incendios.

Esto representa un 18,5% más que en junio de 2019, cuando el INPE (Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales) registró 1.880 brotes que, además, está un 36% por encima de la media de los 10 años anteriores (1.651 brotes).

Y en julio, la Amazonia tuvo otro mes con aumento de incendios cuando se detectaron 6.803 brotes, un 28% más que en el mismo periodo del año pasado.

Y no es que el año pasado fuera especialmente bueno. Todo lo contrario. En el cómputo global del año 2019, la selva amazónica batió otro récord histórico con la pérdida, por incendios forestales de 318.000 km2.

De acuerdo con los datos del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil (INPE, por sus siglas en portugués), entre enero y finales de agosto del 2019 se registraron 84.957 incendios, lo cual mostró un aumento de incendios forestales del 75% en relación al mismo periodo del 2018.

Y, ¿qué está haciendo el gobierno brasileño para protegerla? 

El 66% de la Amazonia está en Brasil y este país juega un papel fundamental en el futuro de la salud mundial.

Pero parece que hay otros intereses por delante de la protección ambiental.

En los 100 primeros días del mandato del Gobierno de Jair Bolsonaro, se encargó de quitarle la autoridad ambiental al Instituto brasileño de Medio Ambiente (IBAMA) para entregársela a las fuerzas armadas.

Sí, la protección ambiental de la Amazonia ahora está coordinada por militares.

Pero parece que el desempeño de las Fuerzas Armadas en la Amazonía no tiene el efecto esperado, a lo que se suma el retraso del gobierno en la contratación de cuerpos de bomberos, lo que podría empeorar aún más la situación de incendios en 2020.

Y este mismo año, el gobierno destituyó dos altos cargos del IBAMA, involucrados en la lucha contra la deforestación y la minería de la Amazonia.

“Los representantes del gobierno brasileño siguen enviando señales concretas de que actúan en nombre de los acaparadores, mineros y madereros ilegales. Las invasiones de tierras indígenas y las amenazas a los activistas ambientales en varias partes de la Amazonia, por ejemplo, no se han detenido ” (WWF Brasil).

No es desconocido el rechazo del gobierno de Bolsonaro por los indígenas, ni su plan de desarrollo depredador que incluye la venta del Amazonas y que pone en grave peligro las comunidades que lo habitan, la naturaleza y la sostenibilidad en el mundo.

En julio de este año, la Fiscalía brasileña pidió la destitución del ministro de Medio Ambiente, Ricardo Salles, por ser considerado directamente responsable del desmantelamiento del sistema de protección ambiental del país y contribuir «decisivamente» a aumentar la deforestación y los incendios, especialmente en la región amazónica.

También afirma que, el ministro, es responsable de «reducir en un 25% el presupuesto del ministerio de Medio Ambiente y de paralizar el Fondo Amazonia; un fondo internacional de lucha contra la deforestación».

Y, por último, recuerdan las declaraciones que realizó en abril el ministro en las cuales dijo que la pandemia del coronavirus era una «oportunidad» para modificar las reglas y adoptar acciones sin pasar por el Congreso. 

Y si pensábamos que a la Amazonia brasileña ya no le podían hacer más daño del que está sufriendo, la cosa no acaba ahí.

El gobierno de Bolsonaro lo remata con la Ministra de Agricultura Tereza Cristina, también conocida como la “musa del veneno” por la aprobación de un número récord de pesticidas en el país que aceleran la contaminación del suelo, el agua y el aire y generan procesos de deterioro ambiental que repercuten en la estabilidad de todo el ecosistema.

En los primeros dos meses de Gobierno fueron aprobados 86 nuevos agrotóxicos hasta alcanzar 2.152 productos químicos en circulación, de los cuales el 43% de ellos son altamente tóxicos.

Recordemos que una buena parte de la deforestación del Amazonas se produce para contribuir con las actividades de agricultura intensiva de grandes campos de monocultivo (muchos de ellos transgénicos) que tanto daño hacen a la Amazonia y que acaban con la vida de miles de animales silvestres.

O nos oponemos todos activamente a que esto continúe sucediendo, o la Amazonia se convertirá en campos de cultivo transgénico y llenos de pesticidas, en minerías y en mega construcciones e industrias al gusto de este gobierno devorador de vida, que no sólo le va a costar la vida a las personas que sufren de manera directa sus devastadores efectos, sino la vida de todos, a los que indirectamente también nos llega como consecuencia del cambio climático que la pérdida de la Amazonia está produciendo.

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