Ayer, Santa Sofía volvió a ser mezquita. Éste no es sino otro golpe de efecto del presidente turco Erdogan. La situación económica en Turquía es bastante delicada, agravada por la crisis de la pandemia de la COVID-19. Esto perjudica a Erdogan, que debe maniobrar para recuperar votos de cara a las elecciones presidenciales de 2023. Recordemos que en las pasadas elecciones municipales su partido sufrió un serio revés en Estambul. El candidato de Erdogan perdió por poco, y en una segunda votación propiciada por el presidente, su derrota fue aun mayor.

Esta victoria de la oposición en Estambul hizo pensar en una mayor democratización del país, pero lo cierto es que la lucha entre islamistas y laicistas continúa. El Consejo de Estado de Turquía dejó en manos del gobierno la reconversión de Santa Sofía en mezquita el pasado 10 de julio anulando un decreto firmado por Atatürk, el fundador de la Turquía moderna. Naturalmente, Erdogan emitió inmediatamente la orden correspondiente, manifestando que el templo seguirá abierto al turismo y a cualquier visitante, excepto durante los rezos diarios.

La basílica ortodoxa de Santa Sofía fue catedral ortodoxa desde el año 360 hasta 1453. Ese año, los turcos otomanos, dirigidos por el sultán Mehmet II, conquistaron Constantinopla, convirtiendo la iglesia de Santa Sofía en la Mezquita de Ayasofia. En 1931, bajo el mandato de Mustafá Kemal Atatürk, la mezquita fue cerrada, reabriéndose en 1934 sólo como museo.

Medida controvertida

Ayer, miles de fieles acudieron a la llamada de Erdogan, aunque el principal partido de la oposición, el socialdemócrata CHP rechazó participar en el acto. También la UNESCO se ha mostrado contrariada por la decisión del gobierno turco de cambiar el estatus del monumento, Patrimonio de la Humanidad, sin haberlo consultado previamente.

“Santa Sofía es una obra maestra de la arquitectura y un testigo excepcional de los intercambios entre Europa y Asia a lo largo de los siglos. Su condición de museo refleja la universalidad de su patrimonio y lo convierte en un poderoso símbolo de diálogo», declaró la Directora General de la UNESCO, Audrey Azoulay.

Vista de un fresco bizantino de Santa Sofía que es tapado durante el rezo musulmán // Infórmate 360

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